Lucía Vilariño Alvaredo

Basilio Álvarez: un ensayo populista

Vivíamos amarrados a una roca enorme, ¿y qué importa, si al romper las ligaduras, la convulsión nos plantó demasiado lejos?1

A finales del siglo XIX, en una buena parte de la Europa Occidental y Central, diferentes procesos económicos, políticos y sociales en el mundo rural comenzaron a tomar gran dinamismo. Esta transformación en marcha responderá tanto a lógicas macro como la mundialización de los mercados, la universalización del sufragio o el derecho de asociación, como a circunstancias particulares en cada uno de los territorios, que darán lugar a expresiones diferenciadas2. La crisis agraria finisecular produjo una reacción proteccionista en lo económico que pudo establecer las condiciones para el desarrollo de un marco de oportunidades político y social, como la Ley de Asociaciones de 1887, la Ley de Sufragio Universal de 1890 o la Ley de Sindicatos Agrarios de 1906. El ‘political mass- market’3 se extenderá por el rural español, favoreciendo procesos y dificultando otros, generando nuevas posibilidades de organización y reivindicación –cooperativismo, grupos de presión, partidos agrarios, corrientes y tendencias- conviviendo con su propia complejidad y contradicción secular. Si en 1900 la agricultura suponía el 86% de la población activa y a mediados del siglo XX este dato sólo descendía al 72%4, podemos hacernos una idea más clara de la dimensión e importancia de la cuestión que aquí se intenta introducir.

El agrarismo gallego surgió en la última década del siglo XIX y se extendió hasta comienzos de la guerra civil española, siendo sus ámbitos de actuación tanto económicos, como políticos y sociales. En este periodo se organizó una cooperación en la producción y el consumo, en un intento por escapar del minifundio, el individualismo y la descapitalización, aunque se lograrán superar de forma relativa las carencias estructurales de una escasa industria agroalimentaria. Estos elementos movilizadores consiguieron introducir nuevas formas de participación y ayudaron a crear una nueva cultura política socializada. Se crearon mutuas ganaderas y sociedades agrarias que facilitaron canales de politización hacia realidades más amplias. Nuevas formas de liderazgo local permitieron construir tejido social con una presencia creciente de campesinos que aportaban dinamismo y capacitación para la acción colectiva. La interacción con los emigrantes fue un eje importantísimo. Entonces, una nueva identidad campesina se fue construyendo, desde la renovación pedagógica, el laicismo, y nuevos espacios de actuación a través de la prensa, los mitins, las fiestas, los himnos, que contribuyeron a un prestigio y orgullo de clase, si se quiere, difundiendo derechos y deberes públicos que se incorporaron a la acción política.

Los movimientos de base cooperativa se representarán en toda su diversidad a partir de la década de los noventa y de forma pareja a otros movimientos ‘regeneracionista- patrióticos’ en partes del Estado –el nacionalismo catalán y vasco no se les iba a hacer esperar-. En Galicia, la denuncia del turnismo y la política de pacto característica de la Restauración irá de la mano de una politización en ascenso de los espacios rurales que lucharán activamente aún en ese contexto tan hostil por la defensa de los montes comunales, la pequeña propiedad campesina y la redención o abolición foral dependiendo del momento5. En este mismo periodo el catolicismo social asoma por vez primera, comenzando a plantearse la cuestión campesina en términos probablemente un tanto esencialistas. El primer gobierno regeneracionista de Silvela abogaría por un renacimiento de la moral cristiana, en un intento por superar posiciones más a la defensiva6.

Quien entregado al estudio del derecho clásico penetre por primera vez en el terreno del novísimo, experimentará una sensación de extrañeza y desconocimiento. Verá rotas las normas fundamentales que leyó en los libros y escuchó en las aulas […] y contemplará entierra, acaso con espanto y dolor, lo que había creído como verdad jurídica reveladas7.

La ‘cuestión social’ parece colocarse también desde estas filas en el centro del discurso político, y, a partir de aquí, seguidamente con Maura, las aportaciones desde esta perspectiva serán comunes. Dato, Maura y Ossorio8 se integrarán en la corriente del llamado ‘catolicismo social’, inspirada en el contexto de la encíclica ‘Rerum Novarum’ de 1891. Aunque los krausistas son los primeros en plantear el intervencionismo estatal como componente integrador de las clases obreras9, en la década de los noventa los católico- sociales se suman a ellos en su visión organicista de la sociedad opuesta al individualismo liberal, que en ambos casos tenía como objeto conseguir la armonía social10. La ‘cuestión social’ llega a España en 1830 desde la palabra de socialistas y críticos franceses y alemanes opuestos al liberalismo, aunque en el Estado se desarrollará en un entorno más liberal que conectará a través del ‘pauperismo’ con la cuestión de la propiedad de la tierra11. Así, a partir de 1899 el concepto de ‘cuestión agraria’ se irá conformando, en un periodo que se ha podido denominar como el ‘sattelzeit’ español12 y que inaugura un lustro de movilizaciones y surgimiento de nuevas asociaciones e iniciativas. Es en este contexto donde nuestro ávido protagonista comenzará a manejarse con gran fluidez en diferentes ámbitos profesionales y grupos sociales, haciendo gala de su multidisciplinareidad y gran curiosidad y personalidad tan marcada desde fechas muy tempranas.

El dolor tanto tiempo hacinado acumuló en nosotros energías eléctricas. Hartos de ser briznas en esta riada que todo lo traga y todo lo lleva, nos hemos agrupado para ser diques. Que vengan ahora tempestades. Que vengan ahora, que somos rayos. Rayos que diremos a los cuatro rumbos, trágicamente si a ello nos empujan, a sangre y fuego, si es preciso: ¡mueran los caciques, abajo los tiranos, viva Galicia redimida!13

Basilio Álvarez fue un personaje que atraía cumplidos hasta de sus enemigos más acérrimos. Un intento de uno de ellos lo definió como ‘una tempestad mal envuelta en una sotana’14. Hijo de herrero con poca predisposición para el negocio familiar y no tantos recursos, pudo estudiar teología en el Seminario Conciliar de San Fernando, donde se ordenó sacerdote en 1902. Por atraer, hasta sintió tentación por la vida militar e hizo el servicio antes de ordenarse, pero se fracturó una pierna quedando cojo y minando así los deseos de sus superiores que lo alentaban a una vida en el ejército15. Su labor parroquial comenzó paralelamente a sus primeras colaboraciones periodísticas con Valentín Lamas Carvajal, que fue excelente maestro y estímulo de sus anhelos profesionales y políticos en el periódico “El Eco de Orense”. Aquí tomó contacto por primera vez con los problemas y reivindicaciones del campesinado gallego trabajando desde la línea del catolicismo social en defensa del sindicalismo católico y con el fin de impedir el avance del socialismo. Así, en una primera etapa se ubica más en la cercanía al concepto apuntado de ‘armonía social’ y en connivencia con los sectores patronales.

A partir de 1886 surgen las primeras organizaciones locales de carácter político en Galicia, las mutuas ganaderas, y entrado el último lustro de siglo las primeras sociedades agrarias en la franja litoral de Pontevedra y Vigo. La rápida expansión de estas nuevas formas organizativas nos ofrece la temprana intuición de que esta situación era algo más compleja que el fruto de la infiltración de unos agitadores, con sotana o sin ella, y que los orígenes de la misma responden a razones que venían de bastante más atrás en el tiempo.

Entre 1906 y la I Guerra Mundial el agrarismo gallego se extendió territorialmente por todo el país a través de tres organizaciones diferentes. La anarquista Unión Campesina, Solidaridad Gallega con fuerzas excluídas del sistema restauracionista –republicanos, tradicionalistas y regionalistas- y el Directorio de Teis con elementos que representarán según el periodo a bloques diversos –desde distintas sociedades agrarias a sectores del partido liberal y grupos del partido republicano moderado-. La Ley de Sindicatos Agrarios que se aprueba en 1906 favorece cualquier forma de cooperación no política y desde este momento hasta 1908 se desarrollarán medidas para la mejora y difusión tecnológica, iniciativas hidráulicas, la integración de servicios sociales en el ámbito agrario o el debate sobre la transformación de los órganos consultivos del Estado16

Hoz, celta hoz, enseña a tus verdugos el brillo de tus tragedias17.

Basilio Álvarez intentó con su verbo hegemonizar este movimiento, utilizando como arma sus discursos explosivos y metafóricos. El catolicismo social no llegó si no a subrayar la heterogeneidad ideológica existente, conviviendo sociedades republicanas, socialistas, anarquistas, galleguistas, así como las organizadas por grupos de poder locales conservadores y liberales. Acción Gallega fue la nueva tentativa de base agraria previa a la Gran Guerra. Basilio Álvarez hasta la fecha de la consolidación del movimiento, provoca ciertos escándalos en su pequeña parroquia gallega relacionados con el incumplimiento del celibato y se traslada a Madrid donde se establece como capellán del Marqués de Urquijo en 1907. Nuestro curilla, que no era exactamente de clase popular pero sí modesto, parecía poseer buenas dotes para las relaciones sociales y para manejarse en diferentes ambientes. En la gran ciudad le espera un mundo de bohemia y tertulias donde su evolución política y social se pondrá de manifiesto muy pronto. En este ambiente de 1912, de la mano de nuestro protagonista y Portela Valladares, surgirá finalmente Acción Gallega, un movimiento populista anticaciquil de base agraria materializado en la figura de este ‘periodista de garra y combate’, de ‘una sotana casi rebelde’, de un ‘orador fogoso y grandilocuente’ como fue definido por algunos, de un personaje cada vez más célebre y popular, ‘hasta el escándalo y la conmoción’18.

Váyanse noramala los fanáticos rojos y los fanáticos negros a la usanza española. No caben aquí. Y no caben, porque allá en la tierra, que es el lugar donde moran nuestros mandadores, tuvieron el talento de ponerse de acuerdo todos los oprimidos19.

Basilio Álvarez fue, “un sacerdote, en su más amplio concepto”20. Nuestro polifacético y atípico protagonista probará un poco de todo. Periodista, abogado, diputado, orador, cura rural, amante, padre. En todas sus formas retórico, barroco, inspirador. Su temprano idilio con la heterodoxia se mantendrá a lo largo de toda su vida. Acostumbrado a diferentes registros, será al aire libre en el campo donde sus hábitos graviten con mayor éxito e intensidad hacia los vientos de cambio que proclama. A través de su trabajo como párroco rural y sus colaboraciones periodísticas, Basilio tomó contacto por primera vez con los problemas y reivindicaciones del campesinado gallego.

Yo sabía del sufrir campesino cosas que horripilaban, yo sabía del ansia labriega cosas espantosas. Mis andanzas de cura rural por lo más intrincado de la provincia de Orense habían sido para mí una revelación y una fragua. Allí me enteré de lo inaudito de su exclavitud y allí me vigoricé también con el oxígeno de la indignación. Pero yo no había visto a mis hermanos en su éxodo más penoso, yo no los había visto en la llanura de Castilla cuando un sol implacable retostaba sus sesos y un salario irrisorio coronaba su odisea21.

Acción Gallega es, en palabras de Basilio, “de todos los gallegos que bella o toscamente quieran pensar en alta voz”22. Se convirtió en uno de los movimientos agrarios más importantes de Galicia durante el siglo XX. Antiforal, anticaciquil, redencionista, era la variante radical del agrarismo gallego desde 1910. Concebido en Madrid en 1909, surgió a través de la revista homónima de periodicidad quincenal y de un programa de mítines y de acciones de diverso carácter. El movimiento perseguía la redención foral, la “extirpación del caciquismo”, la mejora de las comunicaciones, el fomento y protección de la industria rural y pecuaria, el establecimiento de bancos, cajas de ahorro y cooperativas agrícolas o la unidad de las asociaciones agrarias entre otros23. La intención era formar un partido político de amplia base popular y de este deseo y trabajo surgió el primer partido agrario de Galicia, la Liga Agrario- Redencionista.

De la urbe me sepulté en la montaña, y pude advertir que las angustias ciudadanas quedaban sobrado lejos al ser comparadas con las torturas campesinas, porque en la ciudad se padecía el hambre del cuerpo, pero en la aldea faltaba también el pan del espíritu: la libertad24.

Basilio Álvarez retorna a Galicia en agosto de 1912, observando la necesidad de la cercanía con el territorio para poder llevar a cabo una movilización más efectiva. Consiguió la feligresía de Beiro en Ourense, después de su dimisión como director del periódico madrileño “El Debate” y el asesinato del cura predecesor sin motivos políticos conocidos. Beiro era un lugar de potente asociacionismo campesino y clara inclinación al socialismo. Desde aquí se decide preparar la nueva campaña de agitación de Acción Gallega que se inicia con el Manifiesto de Ourense o Manifiesto de la Liga de Acción Gallega, firmado por un grupo de intelectuales jóvenes nacidos en los años ochenta y el propio Basilio. Con este manifiesto se intenta agrupar bajo una organización única a las cientos de sociedades agrarias que hasta el momento actuaban dispersas en Galicia. El partido liberal de Canalejas mostró benevolencia ante este hecho y se desata una fuerte campaña de mítines sobre todo por la parte meridional del país25.

Los procesos anteriores, sobre todo con Solidaridad Gallega y el Directorio de Teis, habían evidenciado las debilidades de los partidos monárquicos y la fragilidad del equilibrio político, así como azuzado el potencial de la sociedad rural y la habilidad de los líderes del movimiento agrarista en términos tácticos y programáticos26, pero, ¿sería ésto suficiente para superar a las fuerzas del eje restauracionista? y, en dicho caso, ¿qué hacer en periodos posteriores? Los tintes regeneracionistas en el manifiesto eran comunes al tono marcado por Joaquín Costa en el conjunto del Estado, y las particularidades se pueden encontrar en los elementos antiforistas con reivindicaciones redencionistas en un primer periodo, anticaciquistas, con el objeto puesto en la cuestión electoral, y regionalistas con apelaciones directas a lo rural –agro-.

Nombre más apropiado al nacionalismo gallego y el más conveniente. La conveniencia del término “agrario” nace de los recelos con que ve España los nacionalismos regionales. Galicia, que no quiere derivar por el decantado nacionalismo catalán y vasco, prescinde del nombre y busca otro, modesto, pero lleno de la fuerza de una definición. Y como su idioma es campesino, y como bellas producciones de su literatura son campesinas, y como lo son aquellos problemas económicos que la atañen, y como lo es casi toda su riqueza, álzase ahora con su bandera para batirse en defensa propia. Al agrarismo le importa cuanto es gallego. Movimiento regional, comprensivo de todos los atributos de la nacionalidad galaica, suma a lo exclusivamente agrario -al foro, al consumo, al idioma- otros aspectos de la vida local, que repercuten en el campo, ya por ser consecuencia de los problemas de éste, ya por causa de algunos27.

El volumen de las masas que se consiguen convocar causan revuelo en la época y el programa de mítines se extenderá con mucha radicalidad por tierras gallegas, sobre todo en la parte pontevedresa y orensana, con un periodo movilizador posterior en tierras cubanas de La Habana. La resonancia de la campaña en todo el Estado fue muy amplia y en Madrid se empieza a temer un estallido revolucionario en Galicia. En estos términos se expresan las intenciones del nuevo movimiento, manejando una violencia verbal inusitada.

¿Programa? una cosa, esta sola cosa: recoger en medio de España el grito del campo gallego. Primero, una política negativa, de destrucción, si queréis; una política quirúrgica, de amputación de todo lo viejo, de todo lo leproso, de todo lo gangrenado; haciendo curas de caballo, con mucho vinagre y con bloques de sal sobre las llagas, con rugidos que despierten, con alaridos que conmuevan, con estridencias que crispen, con vehemencias que exalten28.

Desde una perspectiva más pausada y analítica, cabría destacar la siguiente reflexión:

Nuestra labor es ahora enteramente negativa. Sólo queremos destruir, pero no temáis que pronto sustantivaremos nuestro apostolado creando la política de afirmación. No os asuste ni os extrañe ver a una sotana casi rebelde. Esta rebeldía la encontraréis en la Biblia y en la obra inmensa de los Santos Padres29.

Según Cabo, Acción Gallega supone un retroceso con respecto al periodo asociacionista anterior, ya que no existe una estrategia de construcción de órganos de representación y de toma de decisiones que atienda al manejo de diferentes escalas30. A mi modo de ver lo que se plantea en este nuevo periodo es la posibilidad de generar un efecto movilizador que amplíe la adhesión del campesinado y unifique mayorías sociales a las estructuras ya organizadas anteriormente, utilizando herramientas de difusión que pudiesen dar el pulso a las fuerzas monárquicas. En este sentido, las tácticas empleadas se podrían considerar exitosas aunque posiblemente no haya habido una dedicación pareja de manejo del medio y largo plazo. “No se le abrieron vías a los individuos que formaban el sujeto colectivo receptor –pueblo- para intervenir activamente en su dirección y articulación”31.

La indefinición conscientemente buscada en este proceso según Cabo, seguramente pueda enriquecerse con la siguiente reflexión, “el término populismo interpela a un fenómeno real y su equivocidad y polisemia es en el fondo un índice de la dificultad en circunscribir, en delimitar, aquello a lo que alude”32. Desde el maniqueísmo aparente de las lógicas de estos actos, se observa un atisbo de algo mucho más complejo, que quizá por su propia naturaleza y cercanía nos supere como sujeto de análisis incluso en la actualidad. Desde esta línea, el manejo de estas expresiones de masas, tal y como se han tratado hasta ahora por la mayoría de autores33, bien merecerían mayor amplitud y profundidad intelectual, que elimine corsés y esquematismos que no parecen formar parte de su naturaleza.

Puntos de partida asociados a la expresión de una grupalidad como masa voluntarista, irracional, anulada en un líder carismático y demagogo, irreflexiva, antiintelectual, primarista sobre todo asociada a la población rural popular, pienso que nos llevan a unos derroteros intelectuales no muy lejanos a estos mismos que se expresan. Sabemos muy poco de lo que hablaban estos campesinos entre ellos, de cuáles eran sus reflexiones, su construcción intelectual desde una praxis naturalizada en un entorno de trabajo rodeado por un tejido social cada vez más amplio por una parte, y con particularidades e identidades propias, por otra. Puede que el grupo que lideraba Acción Gallega con Basilio Álvarez y Portela Valladares al frente no consiguiese hacer una lectura mucho más compleja de sus interlocutores, o quizá la construcción de este discurso se debe más bien a una preparación más que fina y calculada de sus efectos. Lo que parece indudable es que las convocatorias y los mítines fueron un rotundo éxito, aunque quizá el manejo de los delicados hilos del espacio y el tiempo se convirtieron en un proceso más problemático. El parternalismo con el que se expresa el grupo dirigente de Acción Gallega es un hecho, “venimos aquí porque estamos cansados de ver cómo se desquicia todo sin que aparezca nadie con un puntal”, aunque he observado elementos propositivos más allá del programa previamente señalado, que me hacen replantearme las afirmaciones tan rotundas dirigidas a la falta de componentes organizativos y programáticos en este periodo34:

Para borrar la preponderancia de los opresores es menester crear en la tierra sindicatos y sociedades agrarias que aglutinen las fuerzas desparramadas, dejando en cada aldea un comité que fiscalice el censo, una cooperativa que siembre la mutualidad, unos bancos que abran las puertas al crédito rural, fundando escuelas en todos los lugares y haciendo que Acción Gallega sea diario para que examine sin descanso la labor de los ladrones, para que divulgue sus crímenes, para que airee a los cuatro rumbos su deshonra35.

Tras la muerte de Canalejas Acción Gallega perdió el delicado equilibrio que establecía con las fuerzas políticas mayoritarias. Sobre todo, los partidos monárquicos y la jerarquía eclesiástica comenzarán una fuerte ofensiva contra ellos. La desigual zona de influencia geográfica de Acción Gallega y la falta de control sobre un objetivo electoral común son para Cabo las razones de estas crecientes dificultades. Pero nuestro cura decidirá seguir avanzando, radicalizando su postura y ampliando marcos de influencia hacia la emigración gallega en Cuba a principios de 1913. Basilio se acercó a la tendencia republicana y socialista que se estaba comenzando a fraguar dentro del movimiento ya en este periodo, llamando a la abolición foral y lanzándose de nuevo a la lucha electoral.

Para 1914 la insostenibilidad del contrato foral en Galicia era una idea ampliamente acogida, y la cuestión foral bien merece aquí un pequeño apunte. El foro era un censo agrario que daba lugar a la copropiedad de un bien cedido, con derechos para el perceptor –dominio directo- y para quien paga –dominio útil-36. En Galicia la transición al sistema liberal no supuso ningún cambio, el foro siguió siendo la fórmula dominante de cesión de la propiedad de la tierra hasta principios del siglo XX. Siguiendo a Villares, esta permanencia del sistema foral supone en primera instancia la victoria del forero terrateniente frente al perceptor rentista37, pero dada la estructura social del campo gallego y la vigencia tan generalizada de la ‘cesión foral subordinada’, el beneficio concreto no será tanto la hidalguía intermediaria como el detentador efectivo de la tierra, esto es, el campesinado.

Si ya durante el Antiguo Régimen la relaciones sociales agrarias eran de naturaleza compleja con numerosas conexiones y subordinaciones entre dominios eclesiásticos, hidalgos y campesinos, la crisis del antiguo régimen no las transforma, si no que las consolida y cristaliza reenviando su solucion a etapas históricamente más recientes. Por esta razón la peculiar forma de solventarse la crisis del antiguo régimen gallego mostrará cada vez mayores inadecuaciones entre la condición jurídica de la propiedad de la tierra en Galicia y la consagrada en el derecho civil español –lo que viene a ser fuero frente a código-. Este desajuste está en la base de toda la polémica foral y la formulación de los sucesivos proyectos de redención y abolición de los foros38.

La relación con la jerarquía eclesiástica, como se podrá suponer, sufrió un deterioro progresivo para Basilio, que culminó con su suspensión en 1914 y la vuelta a la vida bohemia de la capital aceptando nuevos retos como la abogacía o el acta de diputado con el Partido Republicano Radical durante los dos bienios republicanos39. Un hecho digno de análisis por sí mismo y que desborda el objeto y acotación temporal de este estudio sería la permanencia de nuestro sacerdote como diputado en Cortes tanto en el bienio social de la República como en el cedista. Este hecho que se repite en más aspectos de su vida es un ejemplo de las contradicciones, la versatilidad y la complejidad de la persona de Basilio Álvarez y de su tiempo.

El cura de Beiro será un ejemplo de pensamiento crítico llevando su fe hasta su muerte, arguyendo una condición sacerdotal no incompatible con otras actividades y haciendo de su profesión y labor una demostración de sus posiblidades, relaciones e interpretaciones. Aún sin el cumplimiento del celibato, la tonsura o la vestimenta, su fe al parecer continuó inmutable; sin duda, si la Historia de los Heterodoxos españoles40 hubiese llegado hasta el periodo cronológico de su aparición, merecería un lugar entre sus páginas.

El esfuerzo enciclopédico por demostrar al mismo tiempo la esencia cristiana de España y el homenaje a todos aquellos que la han cuestionado, resume en su intención una naturaleza que también se encuentra no sólo en nuestro personaje si no en la de otros muchos y en las propias contradicciones de su tiempo. Comenzar desde esta perspectiva nos podría ayudar al planteamiento de hipótesis más amplias y complejas sobre su figura. Quizá en los discursos agraristas de Basilio Álvarez no se observe, desde un análisis estrechamente formal como el que mayoritariamente se ha realizado, mayor profundidad, pero resulta un tanto incierto que un personaje de esta complejidad, acompañado por figuras en su vida de gran renombre, no manejase una estrategia en sus actos de mayor calado.

Desde lo anecdótico, un personaje que alude cuestiones diabéticas para no utilizar tonsura, y que desde una argumentación así consigue salirse con la suya, quizá merezca un enfoque diferente en el análisis de su discurso como agitador agrario. A lo largo de este pequeño periodo, su dinamismo y manejo de diferentes registros podrían dar claves diferentes para entender particularidades como la elección de la metáfora y la ironía en su discurso, aunque supeditadas a un estudio más profundo que pueda construir relaciones objetivas y subjetivas en torno al mismo. En este sentido, un análisis de sus interlocutores, como individuos, como comunidad, su estratificación dentro de ésta, resultaría tanto o más necesario para una compresión intersubjetiva y de los procesos que en estos años les acompañaron. Basilio Álvarez fue, en el periodo álgido del agrarismo gallego, ‘una hoguera encendida permanentemente’41, con tantos elementos de contraste –como se observa- que todavía figuran en la penumbra de su tiempo.

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1 Álvarez, B. (1976). Abriendo El Surco: Manual De Lucha Campesina. Madrid: Akal.
2 Véase con más detalle el caso de Irlanda o Escandinavia en Cabo, M. (2013). Acción Gallega: populismo agrario y cambio político en la Galicia de la Restauración, 1912-1915. Revista Catalana d’història, (6), 113-131.
3 Es un concepto que me interesa manejar con cierta ironía aunque Miguel Cabo no lo utiliza desde esa perspectiva. Consultar en Cabo, M. (2002). Traxectoria do agrarismo galego. En Constenla, G. & Domínguez, L. (Eds.), Tempo de sermos: Galicia nos seus séculos contemporáneos (pp.150-172). Vigo: Universidade de Vigo.
4 Es una información extraída de la misma fuente anteriormente citada.
5 Mi conocimiento y estudio sobre el movimiento agrarista gallego se lo debo fundamentalmente a Miguel Cabo y a su obra Cabo, M. (1998) O Agrarismo. Vigo: Edicións A Nosa Terra, 1998 así como a sus desarrollos posteriores que serán citados posteriormente en este trabajo. También, a la obra de Durán, José A. (1977). Agrarismo Y Movilización Campesina En El País Gallego: 1875-1912. Madrid: Siglo Veintiuno De España.
6 Recuérdese el proceso anticlerical que se vive de forma paralela en diferentes lugares del Estado. Esta cuestión se puede consultar en detalle en la obra De Vicente, F. (2012). El catolicismo liberal en España. Madrid: Ediciones Encuentro.
7 Estas son reflexiones de Eduardo Dato como ministro del gobierno de Silvela en 1899. Aquí se observa una incipiente inclinación hacia una interpretación del derecho más cercana a lo social. Ver más en la anterior obra citada.
8 Iniciador y cabeza del movimiento maurista, identificado con un programa en defensa de una democracia católica, monárquica, conservadora pero liberal.
9 El llamado cuarto estado.
10 Ver más en la anterior obra citada.
11 Siguiendo conversaciones con Juan Pan- Montojo, entendiendo un gruesos social tan amplio y dependiente de la agricultura.
12 En términos ‘koselleckianos’. Ver más en Palti, E. (2004). Koselleck y la idea de Sattelzeit. Un debate sobre modernidad y temporalidad. Ayer, (53), 63-74.
13 Ver el detalle en Alvarez, B. (1976). Abriendo El Surco: Manual De Lucha Campesina. Madrid: Akal.
14 Comentario de Arrarás citado en Tezanos, M. (1997). Basilio Álvarez, “una sotana casi rebelde”. Espacio, tiempo y forma, Serie V, Historia Contemporánea, (10), 151-177.
15 Ibíd.
16 Es una información ofrecida e interpretada por Juan Pan- Montojo.
17 Ver más en Alvarez, B. (1976). Abriendo El Surco: Manual De Lucha Campesina. Madrid: Akal.
18 Según palabras de Alberto Vilanova. Ver más en Vilanova, A. (1966). Basilio Álvarez Rodríguez (El verbo de Galicia en América). En Vilanova, A (Ed.), Los gallegos en la Argentina Buenos Aires. Tomo II. (pp. 1320-1328) Buenos Aires: Ediciones Galicia.
19 Basilio Álvarez creó un nuevo estilo periodístico con sus personalísimos editoriales impregnados de un lenguaje directo y violento que por derivación del nombre del rotativo acabaron acuñándose con “zarpazos”. Se pueden consultar en Álvarez, B. (1921-1936). La Zarpa.
20 Según la definición de Alberto Vilanova en la referencia anteriormente citada.
21 Ver más en Alvarez, B. (1976). Abriendo El Surco: Manual De Lucha Campesina. Madrid: Akal.
22 Ibíd.
23 Consultar en Tezanos, M. (1997). Basilio Álvarez, “una sotana casi rebelde. Espacio, tiempo y forma, Serie V, Historia Contemporánea, (10), 151-177.
24 Ver más en Alvarez, B. (1976). Abriendo El Surco: Manual De Lucha Campesina. Madrid: Akal.
25 Consultar en Cabo, M. (Mayo de 2011). Acción Gallega: Populismo agrario y politización del campesinado en la Galicia de la Restauración. Politización, democracia y mundo rural en Europa y América. XIII Congreso de Historia Agraria Congreso Internacional de la Seha. USC, Santiago de Compostela.
26 Ibíd.
27 Ver más en Cabo, M. (2013). Acción Gallega: populismo agrario y cambio político en la Galicia de la Restauración, 1912-1915. Revista Catalana d’història, (6), 113-131.
28 Consultar en la citada obra de Álvarez.
29 Ibíd.
30 Ver el detalle de la reflexión en Cabo, M. (2013). Acción Gallega: populismo agrario y cambio político en la Galicia de la Restauración, 1912-1915. Revista Catalana d’història, (6), 113-131.
31 Contestaría Cabo a las líneas precedentes, en Ibíd.
32 Ver más en Ortí, A. (1988). Para analizar el populismo: Movimiento, Ideología y discurso populistas. (El caso de Joaquín Costa: populismo agrario y populismo españolista imaginario). Historia social (2), 75- 98.
33 Ibíd.
34 Cabo, M. (Mayo, 2011). Acción Gallega: Populismo agrario y politización del campesinado en la Galicia de la Restauración. Politización, democracia y mundo rural en Europa y América. XIII Congreso de Historia Agraria Congreso Internacional de la Seha. USC, Santiago de Compostela.
35 Ver en la obra de Álvarez.
36 Ver más en Vallejo, R. (2011). La pervivencia de los foros en Galicia con la desamortización. Les practiques enfitèutiques a l’època Moderna i Contemporania. Una perspectiva comparada. XXIII Seminari d’Historia Econòmica i Social. Girona: Universitat de Girona.
37 Villares, R. (1985). Crisis del antiguo régimen en Galicia. En García, A. & Garrabou, R.(Eds.), Historia agraria de la España Contemporánea, vol. 1.
38 Ibíd.
39 Un detalle muy extenso de sus discursos en este periodo se puede consultar en Valcárcel, M. (1991). Dos Años De Agitación Política: Basilio Alvarez no Parlamento. Sada: Ediciós Do Castro.
40 Consultar en Menéndez y Pelayo, M. (2003). Historia de los heterodoxos españoles. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
41 En palabras de Vilanova (1966).